Julio 15 2026
La verdadera maldición
(sus teléfonos).
Para los que leyeron esa entrada sobre la maldición de los conejitos Zavala y la comunicación, tengan unos 20 conejipuntos. Para los que no, aquí les va un resumen rapidito: tenemos un gigantesco problema cuando se trata de comunicaciones. Con esto me refiero a internet, mails, llamadas telefónicas, mensajitos por celular y demás medios de comunicación. Simplemente, no nos llega nada entre nosotros. Pero esta vez voy a hablar sobre una verdadera maldición, y no como las cosas que ven en el cine y en las películas de terror. Pongan atención.
Hace unos 4 millones de años, los tres teníamos teléfono celular: mi hermano, el gatito apestoso; mi madre, la conejita jefa; y yo. Cada uno tenía su teléfono, pero teníamos el gigantesco problema de que, cada vez que nos llamábamos, nunca contestábamos, ya sea porque se nos acabó la batería, porque no había señal o vaya a saber cuál era la extraña razón. Muchos de ustedes pensarán que era más bien una coincidencia, pero les pregunto a ustedes: ¿cuántas veces han visto una coincidencia que pase siempre, no nada más una vez o un día?
Cansados de esto, tomábamos medidas; por ejemplo, subirle el volumen al timbre del teléfono, nunca ponerlo en vibrador, siempre tenerlo a la mano, siempre tenerlo cargado, etcétera. Nunca funcionó. Siempre llamábamos y teníamos el teléfono apagado porque se nos olvidó prenderlo desde el principio; el timbre no funcionaba y nunca se escuchó; a pesar de que lo cargábamos al 100%, misteriosamente, cuando llegábamos a la casa descubríamos que estaba en cero y, obviamente, perdimos todas las llamadas.
Fue al principio cuando nos dimos cuenta de que teníamos una verdadera maldición relacionada con la tecnología y la comunicación. Pero espérense, se pone peor la cosa... Ahora los tres tenemos un teléfono desechable que, para los que vivimos en la Ciudad de México, sabemos que es uno de los que se pueden robar sin que se roben nuestros datos, porque solo es el número de teléfono y no tenemos aplicaciones bancarias ni de mail, por ejemplo, que guardan la contraseña y tenemos que usar. Pasó lo mismo: tenemos el volumen del timbre al máximo, la batería al 100%, y sigue pasando lo mismo. Con la misma discusión de siempre, entro yo a la casa y le pregunto al gatito apestoso por qué no me contestaba el teléfono. Él revisa sus teléfonos, el original y el desechable, y no tiene ninguna llamada. Yo le enseño mi teléfono para demostrar que, en efecto, realicé llamadas a los dos teléfonos, pero ninguna llegó.
¿Van a decir que es coincidencia, verdad? Pues les tengo noticias: sigue y sigue pasando. Todos los días llegamos a la casa y nos decimos: «¿Por qué no se contestó el teléfono si llamamos un millón de veces?». Y siempre ha pasado lo mismo entre nosotros: nos mostramos los teléfonos y, en efecto, habíamos llamado hace una hora, hace media hora, etcétera; y, al mostrar los otros teléfonos, no había llamadas perdidas. Aun cuando todos los teléfonos tenían 100% de batería, 100% de señal y 100% de volumen.
Hoy pasó algo que definitivamente me hizo pensar que sí tenemos una verdadera maldición. Tenemos un timbre que, como ustedes saben, se escucha en toda la casa, porque le subimos todo el volumen al timbre. Es imposible no escucharlo; se escucha a dos calles de distancia, es ridículamente sonoro. Estando en mi habitación, con la puerta cerrada y los audífonos canceladores, escuchando música a todo volumen, logro escuchar cuando alguien lo hace sonar. Pues bien, mi madre, la conejita jefa, y yo llegamos a la casa después de hacer unos pagos y toqué el timbre. Mi hermano no abría. Toqué el timbre una y otra vez por casi 10 minutos; llamé por teléfono, obviamente teniendo en mente que jamás nos había funcionado, y, en efecto, jamás contestamos el teléfono. Mi madre, la conejita jefa, llegó a la casa después de mí. Ella tenía llaves de la casa. Entramos y le dijimos a mi hermano que llevábamos casi 15 minutos afuera y no nos abría la puerta. Y, como siempre lo hacemos, nos mostramos los teléfonos; comprobamos que sí nos habíamos llamado por teléfono, pero las llamadas jamás entraron a ninguno de sus teléfonos, ni al teléfono de mi madre (porque lo había dejado en la casa). ¿Qué es lo que realmente me dio miedo de esta situación en específico? El timbre tampoco funcionó. Mágicamente se descompuso y ya no volvió a sonar hasta después de una hora.
Estas ya no son simples coincidencias. Algún extraño poder quiere que no nos comuniquemos entre nosotros, y no me van a convencer de lo contrario.
Estamos malditos los conejitos Zavalas, no vamos a comunicarnos entre nosotros cuando salgamos, aquí sus bonitos comentarios y no me vengan con sus mamadas de "la ciencia dice que..." es brujería y punto chingada madre.


























